Vivir en Wellington, Nueva Zelanda, me ha dado la oportunidad de conocer una mezcla vibrante de culturas y tradiciones. Sin embargo, hay algo especial en llevar un toque de mi propio estilo y creatividad a una celebración, como lo hice recientemente en una fiesta de disfraces organizada por una amiga de Estados Unidos. Y es que no fue un disfraz cualquiera: me convertí en Kiki, la querida aprendiz de bruja de Kiki’s Delivery Service.
El Proceso Creativo: Haciendo Mi Propio Vestido
Decidí que, si iba a encarnar a Kiki, debía hacerlo bien. Así que me puse manos a la obra y confeccioné mi propio vestido. No fue solo un ejercicio de costura, sino un viaje personal. Elegí una tela cómoda pero resistente, perfecta para los bailes y charlas de la fiesta, y me aseguré de que el característico lazo rojo destacara. Las puntadas, los pequeños detalles y los retoques finales hicieron que el vestido no solo fuera un atuendo, sino una obra que me conectaba con mi infancia y mi amor por la película de Studio Ghibli.
Los Toques Finales: Accesorios y Compañía Perfecta
Aunque el vestido era el centro de atención, ningún disfraz de Kiki estaría completo sin los accesorios adecuados. Compré el icónico lazo rojo, una pequeña bolsa y hasta una escoba para completar el look. Pero lo que realmente hizo que la experiencia fuera inolvidable fue pasar tiempo con mi amiga, sus amigos y mi novio, que decidió disfrazarse de Tombo, el entusiasta amigo de Kiki. Juntos, éramos la pareja perfecta de la película, listos para volar (al menos en espíritu).

Una Fiesta Internacional con Sabor a México
Lo que hizo esta experiencia aún más especial fue la mezcla de culturas en la fiesta. Aunque soy de México, encontrarme en una reunión en Wellington con amigos de distintos lugares, incluyendo Estados Unidos, me recordó lo rico que es compartir tradiciones. Muchos, incluso en las calles, reconocieron los personajes y nos felicitaron por los disfraces, lo cual me llenó de orgullo.
La fiesta fue un éxito, llena de risas, música y momentos que recordaré por siempre. Vestir de Kiki y ver a Tombo a mi lado me hizo sentir que, a pesar de las distancias y los cambios, la magia y la conexión están a nuestro alcance si las buscamos.
Espero que esta historia resuene con otros amantes de Ghibli y los inspire a llevar un poco de su propio estilo y amor por los personajes a sus celebraciones.
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