Hola, amigos. Bienvenidos a febrero 2025.
¿No sienten que enero pasó en un parpadeo? Apenas estábamos brindando por el Año Nuevo, haciendo propósitos y tratando de recordar qué día de la semana era después de las fiestas, y ahora ya estamos en el segundo mes del año. Para mí, este inicio de 2024 ha sido una mezcla de cambios, retos y pequeñas victorias que quiero compartir con ustedes.
Este mes ha traído consigo una mudanza, lo que significa movimiento, reorganización y ese extraño equilibrio entre el caos y la emoción de un nuevo comienzo. También ha sido un mes de música y comunidad con Cantalo Singing Group, donde nos preparamos con mucha energía para presentarnos en el Diversity Festival, un evento que celebra las voces, danzas y culturas que dan vida a Wellington.
Y también algo que ha sido clave en mi vida últimamente: la conexión entre la salud mental y el aire libre. He estado explorando cómo la actividad física, la constancia y, sí, también la frustración, forman parte de este proceso. Pero sobre todo, cómo la gratitud puede cambiar nuestra percepción de los días difíciles.
Así que acompáñenme en este viaje de cambios, aprendizajes y nuevas experiencias. ¿Cómo ha comenzado su año? 🌿✨
Mudanza
El mes pasado les compartí que Jono y yo compramos un apartamento en Wellington. ¡Este mes nos dieron las llaves y nos mudamos! Jono me ayudó con los muebles más grandes, pero hice la mayor parte de la mudanza los días que trabajé desde casa. Como nos mudamos a un apartamento en el mismo edificio y piso donde vivimos no tuvimos que usar cajas ni empacar nada en si. Lo que si es que entre idas y venidas, el proceso fue agotador pero emocionante.
Cada espacio vacío comenzó a tomar forma poco a poco, y ahora el departamento desde las primeras semanas, el apartamento se sintió más nuestro. Aún queda mucho por organizar, pero la sensación de tener un hogar propio hace que todo el esfuerzo valga la pena.
Para darme un poco de compañía, grabé un vlog de la mudanza y espero poder compartirlo con ustedes en algún punto cuando termine de editarlo (aunque tengo bastante material por editar).
Cantalo Spanish Singing Group en el Diversity Festival
Este mes también fue especial porque Cantalo Singing Group se presentó en el Diversity Festival, un evento que celebra la multiculturalidad en Wellington. Cantar en grupo siempre es una experiencia poderosa, pero hacerlo en un espacio que honra tantas identidades y culturas lo hizo aún más significativo. Fue un día lleno de música, colores y energía, con presentaciones de diferentes comunidades que mostraban su arte y tradiciones. Para mí, fue un recordatorio de por qué amo la música: nos une, nos da voz y nos permite compartir algo más allá de las palabras. Además, ver a mis compañeros de canto disfrutando y creciendo en el escenario hizo que todo el esfuerzo de los ensayos valiera la pena.

En su mayoría los ensayos los hicimos en mi apartamento pasado así que me sentí incluso mas cercana a mis compañeros de canto. Creo que el canto y las artes escénicas son el tipo de arte mas vulnerable. No hay nada mas que el publico y tu, no hay medio, no hay props, no hay metáforas (a menos que seas compositor), solo estas tu y tus emociones y las expresas con tu propio instrumento, tu cuerpo, tu garganta, tu voz.

El canto y el dibujo son dos de las cosas que siempre me ha gustado hacer y he tenido un poco de talento desde ni;a. Por una parte el dibujo se puede usar para cosas comerciales y practicas como trabajos de la escuela o diseño gráfico. Ha sido fácil apartarme y no verme reflejada en artes visuales o manuales. Se puede escoger no poner parte de ti en ello. Por su parte, el canto siempre me ha puesto vulnerable. Lo he logrado hacer anteriormente pero a veces a costa de mi integridad ya que no estaba preparada para verme vulnerable ante un publico o no me sentía en confianza plena con la gente o el entorno a mi alrededor.
Con este grupo de canto en español latino en el extranjero, he logrado sentirme querida y apoyada y en comunidad. Algo que no había podido sentir en Nueva Zelanda aunque ya había participado en otros grupos y comunidades latinas de baile y otras actividades.





Esta experiencia del Diversity Festival en particular, me ha enseñado que esta bien mostrar esa vulnerabilidad y que hay gente que va a estar ahi apoyándote, compartiendo una risa, un abrazo, una mirada de aprobación. Sabiendo que nos respetamos y apoyamos mutuamente. Entendiendo que tenemos nuestros miedos e inseguridades pero que al mismo tiempo, no es nada tan serio. Con ellos aprendí a disfrutar esa vulnerabilidad. Gracias infinitas a Marylin, Jorge y Brayan y al resto de los chicos y chicas de Cantalo Singing Group.

Salud Mental al aire libre: Actividad, Constancia, Frustración y Gratitud
En los últimos meses, he estado explorando cómo el movimiento y el contacto con la naturaleza influyen en mi bienestar mental. No siempre es fácil. Hay días en los que la motivación está por los suelos, en los que la frustración pesa más que las ganas de salir, y en los que mi cuerpo me recuerda que no siempre puedo hacer lo que quiero al ritmo que quiero. Pero ahí es donde entra la constancia. He aprendido que no se trata de hacer grandes hazañas, sino de darme permiso para intentarlo una y otra vez, incluso cuando el progreso parece lento. Y en medio de esos momentos de esfuerzo y duda, siempre hay instantes de gratitud: por lo que mi cuerpo sí puede hacer, por el aire fresco que despeja mi mente y por la simple alegría de moverme sin expectativas. Cada caminata, cada pedaleada en mi bici plegable, cada respiro profundo frente al mar me recuerdan que cuidar mi salud mental no es un destino, sino un camino que sigo recorriendo, paso a paso.

Tener una práctica de gratitud es una de mis mayores metas este año, y a veces es difícil mantener el equilibrio entre reconocer lo bueno en mi vida y permitirme sentir las emociones difíciles sin invalidarlas. No quiero que la gratitud se convierta en una forma de minimizar mis luchas, sino en una herramienta para verlas desde otra perspectiva. He aprendido que agradecer no significa ignorar la frustración o el cansancio, ni las injusticias o dolores de la infancia, sino aceptar que ambas cosas pueden coexistir. Hay días en los que me cuesta encontrar algo positivo, pero incluso entonces, trato de aferrarme a los pequeños momentos: un té caliente en la mañana, un mensaje inesperado de un amigo, la sensación del sol en la cara. Poco a poco, este hábito se vuelve más natural y me ayuda a navegar los altibajos con más claridad y compasión.

Recuperar mi salud física y mental ha sido un camino largo, más parecido a un maratón que a una carrera corta. Mi lesión, que arrastro desde hace 3 o 4 años, y los desafíos de salud mental que han estado conmigo desde la infancia, han hecho que el progreso no siempre sea lineal. Hubo momentos en los que incluso salir del apartamento era una lucha, porque la agorafobia me atrapaba en un ciclo de miedo y aislamiento. Pero poco a poco, con paciencia y esfuerzo, he ido avanzando. Este año, más que nunca, he trabajado conscientemente en mi práctica de gratitud para aprender a reconocer las pequeñas victorias: desde poder moverme con menos dolor hasta disfrutar de actividades que antes me parecían inalcanzables. Ha sido un proceso de aceptación y constancia, de aprender a celebrar el progreso, por mínimo que parezca, y de entender que sanar no significa volver a quien era antes, sino convertirme en una versión más fuerte y más compasiva de mí misma.
Libros leídos

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