Noviembre llegó como llegan los meses que transforman: sin anunciarse demasiado, pero cambiándolo todo. Viéndolo ahora, fue un mes tejido por cosas pequeñas, caminatas largas, disfraces, arte, comida cálida, visitas inesperadas, y esos momentos simples que terminan sosteniéndome más de lo que me doy cuenta en su momento.
Este mes viví más fuera que dentro, pero también más dentro que nunca. Me moví mucho —por la ciudad, por el bosque, por el país— pero al mismo tiempo regresé continuamente a mi centro. Y mientras hacía todo eso, también escribí, pensaba, reordenaba mi casa y reordenaba mi energía.
El clima en Wellington, gracias al cielo, empezo a mejorar, por lo cual fue posible empezar a salir mas y en lo personal, poder enfocarme en las caminatas en Otari Wilton Bush que hemos querido hacer. Ademas, gracias a Rainbow Circus y otros proyectos con amigos, este mes estuvo lleno de mucho flujo creativo.
Inicio con caminatas y naturaleza—un regreso suave al cuerpo
Noviembre empezó caminando los tracks de Otari Wilton Bush. El Orange Track, el Pink Track… senderos verdes que parecían abrirme espacio para respirar después de semanas densas. Caminar con Jono, caminar sola, caminar con mis amigas Mel y Maru; cada paseo fue un recordatorio de que mi cuerpo también piensa, también resuelve, también procesa.
Hubo un hike más intenso —Te Ara o Tama— dos horas y media que me demostraron que todavía puedo con más de lo que creo. La foto desde atrás, entre flores, tiene esa energía de “estoy donde debo estar”.
Creatividad en movimiento: talleres, personajes y performance
Noviembre fue un mes profundamente creativo.
Hice globos, hice estructuras de aluminio en Wētā Workshop, aprendí un menú rápido de facepainting, hice piñatas, y hasta empece a editar algunos videos.
Tuve días completos en los que literalmente fui otra persona:
- Elphaba y Glinda con Maru.
- Elsa para el cumpleaños de Charlotte.
- Ariel y Mermaid Barbie… en un mismo día.
Estos días siempre me recuerdan que mi creatividad no vive solo en la cabeza: vive en el cuerpo, en la voz, en el gesto, en ese microsegundo donde un niño te mira y cree que eres la princesa.
Noviembre me dio muchos de esos momentos.
Trabajo, oportunidades y fuerza personal
Noviembre también trajo movimiento en lo profesional. Hubo momentos de duda, decisiones importantes y pequeños impulsos de valentía que me llevaron a mostrarme con más autenticidad. Entre oportunidades nuevas y procesos que me hicieron cuestionarme, terminé encontrando algo importante: una sensación renovada de confianza en mis capacidades y en lo que puedo aportar.
Vida cotidiana que nutre
Entre todo lo grande, hubo también lo simple:
Jono hirviendo frijoles despues de haber vivido la dieta Mexicana por 3 meses.
Mover muebles para que el departamento se sintiera más amplio y cálido.
Café y pasteles en un día gris.
Un selfie en Te Papa “porque sí”.
Una paloma asomandose por la ventana mientras ordenaba los cuartos.
Noodles improvisados después de una tarde de manualidades.
Escribir mis paginas matutinas al aire libre bajo el sol.
Son esos momentos los que más llenan la memoria emocional del mes.
Celebraciones, amistades y comunidad
Noviembre estuvo lleno de personas.
Fiesta de disfraces en la casa de Ale y Tammy.
Caminatas con Marilyn y Mel.
El cumpleaños en un bote para mi amiga Mariana.
Reuniones con amigas y helado de Duck Island.
Desayunos brunch comunitarios en Christchurch con amigos de Jono: primero en casa de Liam, luego en casa de Laura.
Y el pequeño ritual de comprar papel dorado para la piñata de Tamara, mi primera clienta de piñata.
Hubo mucho abrazo, mucho compartir, mucho pertenecer —en distintas ciudades, distintos grupos, distintos momentos.
Viajar como descanso
El viaje a Christchurch rompió el ritmo del mes.
Cambió el clima, el paisaje y la energía.
Se sintió como un respiro suave: buena comida, buena compañía, caminar sin prisa.
Una manera de cerrar un ciclo de manera amable.
Human Design y el deseo de vivir más alineada
Este mes también abrí un nuevo capítulo interno al explorar mi Human Design con más intención. Para quien no lo conozca, Human Design es un sistema que ofrece un “mapa energético” de cómo funciona cada persona: cómo toma decisiones, cómo administra su energía y qué condiciones la ayudan a florecer. No lo estoy usando como una regla estricta, sino como un marco que me recuerda cosas que en el fondo ya intuía.
Como Projector emocional, este mes intenté prestar atención a mis ritmos: notar cuándo mi energía necesita descanso, cuándo mis emociones requieren claridad antes de responder y cuándo algo realmente se siente invitante. Pequeños cambios de perspectiva —soltar la presión de complacer, dejar de forzarme, reconocer mis dones— transformaron la forma en la que viví noviembre. Human Design se está convirtiendo en una brújula para vivir más ligera, más presente y más autenticamente.
Ciclo menstrual, cicle syncing y otras herramientas para vivir en autenticidad
Otro hilo importante de este mes fue mi interés creciente por entender y honrar mis ciclos internos, especialmente mi ciclo menstrual. Estoy experimentando con cycle syncing, una práctica que consiste en ajustar hábitos, rutinas y expectativas personales de acuerdo con cada fase del ciclo. Me está ayudando a entender por qué mi energía, mi creatividad y mi sensibilidad cambian tanto a lo largo del mes, y cómo puedo trabajar con mi cuerpo en lugar de juzgarlo o empujarlo.
A esto se suman otras herramientas que han estado acompañándome: la numerología, el Myers-Briggs, y otras formas de autoconocimiento que, lejos de encasillarme, me recuerdan que lo importante no es “encajar” en las exigencias de la sociedad ni perseguir una idea colectiva de éxito. Mi intención es usar todas estas referencias para crear una vida que se parezca más a mí: más sostenible, más auténtica y más alineada con mis ritmos, mis pasiones y mi bienestar.
Cierre de mes: un dibujo, un café, un espacio para mirar atrás
Los últimos días dejaron imágenes más tranquilas:
Un dibujo pegado en el tablón del departamento.
Una caminata ligera.
Un café con un pastelito.
Como si noviembre bajara el volumen poco a poco después de tantas historias.
En resumen: ¿qué fue noviembre para mí?
Noviembre fue un mes que unió tres grandes líneas:
1. Movimiento
Caminatas, viajes, mudanzas internas y externas.
Moverme para sentirme mejor.
Moverme para no quedarme atrapada.
2. Creatividad viva
Performance, arte, manualidades, maquillaje, disfraces.
Crear no como obligación, sino como pulso natural.
3. Comunidad y cariño
Gente que quiero, gente que me quiere.
Niños, amigos, colegas, Jono.
Espacios donde pude ser mi yo completo.
Y por debajo de todo eso… una profunda sensación de volver hacia mí misma.
A mis dones, a mis deseos, a mis ritmos, a lo que realmente quiero construir.
Noviembre no fue perfecto, pero fue muy yo.
Y eso ya es una victoria.
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